sábado, 1 de febrero de 2014
Capítulo 20.
Se me puso la piel de gallina. No me lo podía creer. Ellos dos eran como... el hilo y la aguja, el hilo no sirve de nada sin la aguja; la aguja no sirve de nada sin el hilo. No podían romper, ahora no. No sólo porque si rompían mi hermana estaría súper enfadada con ellos, no, eso ahora mismo en verdad es lo de menos, si no, si rompen, al menos Marina aunque no lo quiera admitir, estará destrozada, los he visto enamorados, cuando nombro el nombre de "Chris" una chispa se enciende en los ojos de Marina, y esa chispa sé que no puede apagar, nunca.
-No estás halando en serio -conseguí decir tras un largo silencio.
-Vaya, parece que te afecta más que a mí... no pasa nada, no es el fin el mundo, sólo que, me he dado cuenta de que él no es el hombre que busco...
-Mira Marina, no sé si esto tiene que ver con Javier o no, pero por favor, no cometas este error, es una locura, estáis enamorados, se os nota muchísimo, no lo dejes ahora por un capricho...
-Aisha, no lo entiendes ¿verdad? Ya no, ya no estamos enamorados, las cosas han cambiado, he abierto los ojos, él no es el que busco.
-No, él es tu hombre ideal, por favor... Marina...
-Y tú deberías abrir los ojos de una vez con Justin -dijo seria, Justin... hacía tanto tiempo que no hablaba con él, que no sabía nada de él... ¿dónde estará? ¿qué estará haciendo?
-Justin es cosa mía. Pero... tú y Chris sois la pareja más bonita que he visto en la vida, no lo puedes acabar eso.
-Sí, puedo, y es lo que voy a hacer.
-¿No te das cuenta del error que vas a cometer? -pero ella no me escuchaba, miraba fijamente al ordenador.
-Lo voy a llamar por Skype, si quieres, quédate, pero preferiría que no.
-Es por Javi, ¿verdad? -ella se quedó en silencio-, Marina, por favor...
-¡Déjame en paz! -me interrumpió enfadada-. ¡Es mi vida, yo decido qué es lo que quiero hacer y qué no quiero hacer! He decidido cortar con Chris y tú, como una buena amiga, me tendrías que apoyar, no contradecirme.
-¡Vale! Lo siento, rómpele el corazón a mi amigo, venga, adelante, ¿a qué esperas? -no me pude aguantar, me dolía lo que me había dicho, simplemente... estallé.
-Espero a que te vayas.
-Tranquila, no volveré más a esta pocilga.
Mi voz temblaba y en seguida me arrepentí de lo que dije, pero mi orgullo me dominó y me fui. En parte porque tenía razón, era su vida, ella puede elegir qué hacer, y además, estaba enfadada...
Llegué a casa casi llorando. Entré en mi cuarto corriendo mientras sacaba mi móvil, marqué un número, le di al botoncito verde y esperé.
Nadie.
Volví a marcarlo otra vez, llorando, no aguanté más.
Nadie.
Me senté sobre mi cama, empapando mi móvil de lágrimas mientras marcaba una y otra vez su número, con escuchar su voz me conformaba, pero nada, nunca me lo cogía.
-Aisha -escuché una voz detrás mía, Laura. Me quedé quieta, ni si quiera me giré-. ¿Qué pasa? -ella se sentó a mi lado, no intentó mirarme, sólo se sentó, apoyó su mano en mi hombro y no dijo nada.
Nos quedamos así un buen rato, hasta que por fin ella habló.
-¿Qué ha pasado? -me pregunta suavemente.
-Sé que es una total tontería que llore por esto pero... Marina y Chris lo van a dejar -ella se quedó de piedra, noté como se estremeció, tal vez me tendría que haber callado.
-¿Es por Javier? -toda su dulzura se había esfumado, se había puesto seria y se alejó de mi.
-No lo sé.
-Lo sabes, dímelo.
-.... no lo sé... -se puso roja, iba a llorar-, escucha, no lo sé, te lo digo de veras, Marina no ha querido decírmelo...
-Gracias... -susurró tras un silencio.
Se puso en pie y salió del cuarto. ¿Por qué habría dicho gracias?
NARRA LAURA.
En ese momento comprendí muchas cosas, demasiadas, tal vez.
La primera y más importante era que Marina y Javier estaban enamorados, los dos, y no me puedo meter en su relaciones. La segunda era que Javier nunca sería mío, él no me quiere y no puedo hacer que me ame a la fuerza, no. Y la tercera... que mi hermana había llorado por mi. Había estado con Marina, ella le habría dicho que iba a cortar con Chris y Aisha estuvo mal por mi culpa, no sé si es verdad o no, pero es mi teoría, y si es verdad, tengo suerte de tener una hermana como ella. Si no es verdad... me da igual, Javier será mi amor platónico de todas formas, así que qué más da...
NARRA MARINA.
-Hola Chris -le dije por el micrófono, no lo veía muy bien por Skype, pero era lo único que teníamos.
-Hola cariño, ¿cómo va todo por ahí? -me respondió con una sonrisa, que se le borró inmediatamente al ver mi cara.
-Tenemos que hablar -suspiré hondo, esto era más difícil de lo que había pensado y, en el fondo no era capaz de dejarlo así, solo. Pero ya tenía tomada una decisión.
-¿Qué pasa, amor? -me preguntó nervioso.
-Primero, no me llames más "amor" o "cariño", por favor. Y segundo... -no me salían las palabras, me quedé en blanco.
-¿Quieres romper? -me ayudó él a completar mi frase.
-Sí... -una lágrima cayó por mi mejilla.
-¿Estás segura?
-Sí.
-¿Por qué? ¿Qué hice?
-¿Tú? Nada, créeme, no es culpa tuya, es que... -no quería decirle todo lo que pasaba por mi mente, simplemente, no era capaz-, no.. no puedo...
-Ya... entiendo.
No fui capaz tampoco de darle al botón de colgar, no me podía mover, no podía contener las lágrimas, pero, de repente, la llamada finalizó y, entendí que se había acabado lo nuestro.
LUNES POR LA MAÑANA.
NARRA AISHA.
-Laura... despierta -la sacudo suavemente hasta que abre los ojos.
-¿Ya es lunes?
-Sí...
Se levantó en silencio. Cogí mi ropa y fui al baño a cambiarme, peinarme y lo de todas las mañanas. Al terminar, Laura ya estaba vestida y fue al baño tras mi.
Desayuné un poco, cojo mi móvil, me despido de Laura y salgo fuera. Hoy voy a ver a Marina por fin y, la verdad es que no tengo ganas de verla. Desde que me fui no tengo novedades de nadie excepto mi madre, que nos llama algunas noches, ¿se han olvidado ya de mi? ¿tan rápido?
Llego al trabajo rápidamente, la puerta ya está abierta. Entro, no hay nadie, ni en la cocina ni en los vestuarios... sólo la puerta del despacho del jefe está un poco abierta.
Voy a los vestuarios y me pongo el uniforme, salgo vestida y espero sentada en una silla al lado de la barra. Pocos minutos después llega Antoine.
-¡Hola! -me dice sonriente.
-Hola -le respondo con una falsa sonrisa.
-¿Somos los únicos?
-Sí, bueno, y el jefe.
Me sonríe mientras se acerca a mi y deposita un suave beso en mis labios, le correspondo un poco molesta, no tengo muchas ganas de esto... él se aparta poco a poco, me vuelve a sonreír y entra en los vestuarios.
En poco tiempo llega Felipe, el otro cocinero español.
-Hola -me dice al verme.
-Hola, llegáis tarde hoy, ¿no?
-O tú llegas temprano -no se para ni a mirarme, va directamente a los vestuarios. Bueno...
-¡Hola! -me dice Pierre entrando.
-Hola -le respondo sonriente.
-Me echabas de menos, ¿verdad?
-Claro que sí -no puedo evitar reír.
-Qué silencioso está esto... voy a cambiarme, hasta luego.
-Adiós.
Unos minutos después, llegan Leila y Marina. Marina pasa de mi, no me mira y no me saluda, Leila me hace una seña con la mano de saludo.
Justo después, abrimos.
Empiezo a atender a unos clientes, por ahora hay pocos...
-Hola y bienvenidos al restaurante -les digo a unos clientes horas después- ¿qué desean?
-Hola, una tostada con mantequilla y un café, y para ella una coca-cola y... -se interrumpen al oír un sonido que procede de mi bolsillo, mierda, mi móvil, se me ha olvidado sacarlo de mi bolsillo...
-Lo siento, una coca-cola y...
-... y un cruasán, ¿tenéis?
-Por supuesto... -mi móvil vuelve a sonar-, de verdad, lo siento muchísimo, se lo traigo enseguida.
-¡Tostada de mantequilla! -les digo a los de la cocina para que me escuchen mientras voy corriendo a los vestuarios.
Saco mi móvil y lo dejo en las taquillas, pero vuelve a vibrar. Miro quién me está llamando...
Justin.
Quiero cogerlo, tengo que cogerlo, pero no puedo... Dejo el móvil en el fondo de mi taquilla y vuelvo corriendo a mi puesto. Me acerco a la máquina de café y preparo uno.
-Pierre, una coca-cola, por favor. -le digo.
-Vale.
-¡Tostada de mantequilla lista! -oigo a Antoine decirlo.
Me acerco a la cocina, cojo la tostada y la llevo a la barra, cojo un cruasán de donde los guardamos, me lo pongo en el codo mientras con una mano cojo la tostada y con otra cojo el vaso de coca-cola, me lo pongo en el codo que tengo libre y cojo el café con la mano, sinceramente, no sé cómo me las puedo apañar para llevar todo esto a la vez...
-Aquí tienen -les digo sonriente a la madre e hija que pidieron eso- espero que les guste.
-Gracias -me responde la madre.
El día fue agotador, hoy había más clientes de lo normal y al acabar, estábamos todos exhaustos.
Me cambié velozmente y salí a la calle sin despedirme de nadie. Saco mi teléfono, tengo 10 llamadas perdidas, todas de Justin.
No me lo pienso ni un momento y le devuelvo la llamada.
Y de repente, me paro en seco, no puedo evitar que una lágrima caiga sobre mi mejilla, porque, escucho la magnífica voz de Justin que extrañaba tanto.
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AI NO ME HAGAS ESTO. AMO A CHRIS, AMAS A JUST. Joer, sube el otro.
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